Ejercicio aeróbico o anaeróbico, ¿cuál va primero?

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Si disponemos de pocos días para hacer deporte, y tampoco podemos abusar del tiempo a emplear en hacer trabajar a todos los músculos posibles con sus sesiones correspondientes, intercalando cardio con fuerza y periodos de descanso, vamos a tener que hacer algunas combinaciones de todo en la misma sesión. Pero entonces nos surge una duda, porque si queremos hacer cinta o spinning, y también en la misma sesión queremos machacarnos con algo de pesas, entonces ¿qué ejercicio hacemos antes, el aeróbico o el anaeróbico? Debemos averiguar qué opción nos va a producir los mayores beneficios y así optimizar al máximo nuestro trabajo.

Necesitamos conocer previamente como intervienen cada tipo de ejercicio en el consumo de glucógeno y de las grasas. Así, dependiendo de ello podremos observar como fácilmente antepondremos unos a los otros obteniendo unos mejores rendimientos en función de sus consumos.

Por descontado sabemos que el entrenamiento cardiovascular y el entrenamiento con pesas son dos tipos de actividad muy diferentes, realizados para lograr resultados totalmente contrarios. El entrenamiento cardiovascular se vincula normalmente con la ejecución continua de ejercicios de intensidad ligera a moderada durante un período de tiempo relativamente largo. Este tipo de entrenamiento de períodos prolongados de ejercicio continuo agotan progresiva y totalmente las reservas de glucógeno del organismo. Y cuando el organismo se queda sin glucógeno, nuestro sistema recurre a las grasas como reserva de energía disponible.

Considerando que los entrenamientos de fuerza e hipertrofia requieren ejecutar repeticiones con mucho peso o carga, es totalmente lógico, y así está demostrado, que se acometa este tipo de entrenamiento con las reservas de glucógeno repletas.

aeróbico

Por todo ello, la mejor hipótesis sería la de realizar primero el ejercicio de musculación o anaeróbico, pues como hemos comentado, el entrenamiento de fuerza obtiene la energía prácticamente y en exclusiva, de la degradación de las reservas del glucógeno muscular. De este modo al realizar posteriormente el cardio, las reservas de glucógeno estarán solo parcialmente consumidas, y automáticamente nuestro organismo accederá a suministrarse rápidamente de los depósitos de grasa para la obtención de la energía necesaria. Esto siempre bajo unas condiciones normales de trabajo. Es decir, si unimos una sesión de musculación en la que nos machacamos de forma extenuante, y luego queremos hacer una hora más de cardio por lo menos, estamos hablando de otros intereses superiores y distintos, aunque la base general sea la misma.

El ejercicio cardiovascular siempre lo podremos realizar incluso con fatiga, puesto que no es tan exigente. Además, cumplirá una función de regeneración, ayudando a la recuperación muscular, ya que el aumento de flujo sanguíneo al músculo después de un esfuerzo realiza una función “limpiadora”, arrastrando sustancias de desecho y aportando nutrientes.

aeróbico

Por el contrario, la otra hipótesis sería ejecutar previamente el trabajo cardiovascular y posteriormente el entrenamiento de fuerza, entonces las reservas de glucógeno se degradarían previamente con el trabajo aeróbico hasta consumirlas totalmente, antes de involucrar a las grasas. Posteriormente, en el trabajo con grandes cargas aparecería enseguida la fatiga por falta de suministro energético de buena calidad, ya que las contracciones musculares intensas no pueden realizarse con la energía que procede de las grasas. Desarrollaríamos un trabajo de musculación muy deficiente y con pocos efectos reales. De este modo, otro de los efectos posiblemente no deseados sería el de la pérdida de masa muscular, ya que el entrenamiento de pesas con bajos niveles de energía incrementa la liberación de cortisol, el cual utiliza aminoácidos para producir la glucosa que necesitas para continuar trabajando. Si tu organismo comienza a metabolizar aminoácidos en los músculos para quemarlosy transformalos en forma de energía, esto supone que vas a “canibalizar” tu propio tejido muscular para desarrollar el intensivo trabajo de pesas.

En resumen, siguiendo las necesidades lógicas de nuestro cuerpo, parece más apropiado castigarnos primero con el trabajo anaeróbico o de musculación con el depósito lleno y posteriormente estirar nuestros músculos con el entrenamiento cardiovascular y así poner a punto el motor.

Sobre el autor del artículo

José Ramón Vozmediano