El reflejo de la vigorexia está en el espejo

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¿Hemos notado un incremento de visitas al espejo desde que hacemos fitness? Esta es la pregunta que no queremos hacernos, para no herir nuestros propios sentimientos. Esta pelea contra el subconsciente la podríamos perder. Pero puede ocurrir por causa de esta lucha que el incremento de nuestras visualizaciones devenga en una ideologización de nuestro potencial estado mejorable, y hacer que nos veamos siempre por debajo de nuestras expectativas de imagen corporal. Ante esta nueva actitud, inmediatamente analizaremos la situación, y aplicaremos algunas leyes fundamentales como la de Murphy, donde se expone que todo es susceptible de empeorar, y basándonos en la misma, deberíamos proceder a averiguar si estamos derivando hacia la posibilidad de entrar en la fase de vigorexia.

De todos es sabido que la vigorexia es un trastorno mental en el que la persona se obsesiona por su estado físico hasta niveles patológicamente peligrosos. Estas personas admiten una visión distorsionada de sí mismos y se ven siempre débiles y delgados. Producto de esta situación, este trastorno incide directamente sobre su dieta y conducta alimentaria, así como sobre sus hábitos de vida, caracterizándose fundamentalmente por la persistente insistencia en realizar una actividad física extrema, abandonando las relaciones sociales, descuidando las obligaciones y otros aspectos esenciales de su vida, con el fin único de dedicar todo su tiempo a entrenar. Este trastorno también se conoce como complejo de Adonis, anorexia invertida o dismorfia muscular.

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Pero dediquemos un instante en pensar en nuestras visitas al espejo y en otras consecuencias afines. Si lo que nos sucede es que efectivamente, nos vemos siempre delgados y débiles, y con una obsesión desmesurada por añadir peso y tener un cuerpo muy musculado, estamos dando los primeros pasos para convertirnos en vigoréxicos.

Cuando estamos en el trabajo, en casa o en el cine, y estamos pensando en que momentos necesitas hacer fitness, cuánto tiempo vas a disponer, que actos sociales vas a suprimir, qué tiempo va a hacer o, qué te duele, con el fin de utilizar todas las horas que puedas para dedicarlas a la fabricación de músculo, podrías estar subiendo más escalones para alcanzar el problema.

Vamos a pisar la línea roja cuando añadimos a nuestras brutales rutinas de ejercicio, aumentos considerables en nuestra dieta de alimentos ricos en proteínas y carbohidratos, dejando de lado otros alimentos ricos en vitaminas y elementos esenciales.

Salta la alarma cuando llegamos a la fase crítica del consumo de anabolizantes, esteroides u otras sustancias nocivas, que impliquen un aumento desmesurado e incontrolado de nuestras proporciones corporales. Urgentemente hay que poner a la venta los espejos, o darles la vuelta simplemente.

Además, puedes confirmar tu situación anómala, si denotas que tienes un bajón de autoestima, y a la vez te vuelves más antisocial y tienes cambios bruscos de forma de actuar.

Como plus a la autoevaluación, y para sumar o restar puntos, debemos hacer caso a las estadísticas, y conocer que afecta mayoritariamente a hombres jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años.

Para evitar entrar en esta fase, no debemos concentrarnos en un entorno cerrado y propicio a adquirir estos malos hábitos, ya que está demostrado que tiene un alto componente emocional y que, posiblemente, derivará en el desarrollo de una personalidad obsesiva. Asimismo, según se desprende de publicaciones científicas, la vigorexia puede estar ocasionada por problemas fisiológicos asociados a trastornos en las hormonas y los mediadores de la trasmisión nerviosa del Sistema Nervioso Central.

Una vez que hayamos confirmado que existe una predisposición a este error, y después de haber extraído todos los espejos de nuestra casa, debemos visitar inmediatamente a nuestro médico, el cual nos dará las claves y pasos a seguir para luchar contra este problema de la vigorexia.

No nos olvidemos que al final, con este trastorno, se dispone de un cuerpo totalmente desproporcionado, produciendo graves problemas óseos y articulares debido al peso extra que tiene que soportar el esqueleto, y aumenta el riesgo de padecer enfermedades, además de otras consecuencias tan desagradables como: Mareos, dolores de cabeza, lesiones hepáticas, lesiones cardiacas, disfunción eréctil, problemas de fertilidad, cáncer de próstata y falta de agilidad y acortamiento de músculos y tendones.

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José Ramón Vozmediano