En el momento en el que realizamos un determinado ejercicio físico se tienen que tener en cuenta una serie de variables que se basan en: la duración de la actividad, la exigencia que emplearemos para ejecutarla y la preparación previa. Alrededor del mundo del deporte se valoran muchos elementos tales como la dieta o la alimentación, y otros se dejan de lado porque resultan excesivamente obvios. Es en este grupo donde se ubica uno de los universos más desconocidos u obviados por el gran público: la hidratación. Y no es un tema menor, ya que muchas son las personas que deciden no hidratarse cuando realizan una actividad, y este hecho se convierte en un craso error.

La práctica de un ejercicio físico aumenta el ritmo de nuestro organismo, y aunque a largo plazo provoque beneficios para la salud, hay que tener presente una idea: la sudoración aparece cuando nuestro cuerpo pide agua, exigiendo una hidratación exógena. Vale la pena valorar la calidad y la cantidad de bebida que consumimos de acuerdo con la exigencia aplicada a nuestro ejercicio.

Siempre es beneficioso que uno mismo conozca sus propios límites puesto que, como dice la mítica expresión de casino, “más se ve mirando que jugando”. Conocer nuestro organismo siempre es beneficioso, más allá de teorías basadas en el pragmatismo ajeno.

Si sudamos en exceso y no reponemos esta cantidad de agua expulsada podemos sufrir deshidratación. Este fenómeno afecta gravemente a tres pilares que son clave en nuestra rutina deportiva: disminuye nuestra fuerza muscular, dificulta la eliminación del ácido láctico y perjudica la realización de ejercicios aeróbicos. Las rutinas deportivas se diferencian en dos grandes bloques: aeróbicas y anaeróbicas. “Aeróbica” significa literalmente “con oxígeno”, y se refiere a cómo éste se utiliza en los músculos al generar energía. El ejercicio aeróbico incluye cualquier tipo de actividad que nos haga tener una frecuencia cardíaca más alta, como la que se practica con una intensidad moderada durante períodos prolongados; mientras que el anaeróbico comprende ejercicios breves basados en la fuerza, como el levantamiento de peso o los sprints. En el gimnasio realizamos sobre todo ejercicios basados en el segundo gran bloque, lo que nos obliga a estar muy pendientes de nuestra hidratación si queremos obtener resultados satisfactorios.

Los expertos afirman que la ingesta diaria de agua está estipulada en unos dos litros aproximadamente, pero hay que tener en cuenta que hay que aumentar esta dosis en situaciones extremas como es el caso del ejercicio físico. Y no debemos ingerir agua sólo cuando ejecutamos la actividad, sino también antes y después de la misma. También afirman que es el mejor complemento por su origen natural y que hay que consumirla en pequeños sorbos y no de manera agresiva. La temperatura también es importante: el agua mineral se debe consumir entre 10 y 15 ° C, lo que facilitará su asimilación.

Otro elemento que puede variar la exigencia de hidratos demandados es la ropa que vestimos a la hora de realizar deporte. Un elemento que puede resultar banal se convierte en determinante, ya que va directamente relacionado con la sudoración de nuestro cuerpo. Cuanto más gruesa sea la prenda, más hidratación requerirá. Una obviedad que mucha gente pasa por alto.

Para mantener unos hábitos que nos alejen totalmente de la temida deshidratación hay que consumir un total de 1,5 litros de agua por cada kilo que perdemos en el gimnasio. La mejor manera de adaptar unas pautas de consumo adecuadas se basan en visitar a un especialista. Los dietistas cualificados nos ayudarán a definir una rutina alimentaria y de hidratación que nos ayudará a lograr nuestros objetivos, una actividad altamente satisfactoria cuando se ejecuta de manera adecuada. La auto-exigencia y el conocimiento de nuestros propios límites físicos nos ayudarán a definir nuestras marcas personales, convirtiéndolas en realistas y huyendo de los “sobreentrenamientos”. El mundo moderno cada vez se implica más con el deporte y es interesante conocer todas las aristas que lo conforman, la hidratación es un universo desconocido que vale la pena descubrir y analizar.