El entrenamiento de resistencia mejora la aptitud muscular al aumentar la fuerza y la resistencia musculares. A continuación vamos a analizar los efectos morfológicos del entrenamiento de resistencia.

Efectos morfológicos del entrenamiento de resistencia sobre el sistema musculoesquelético

El entrenamiento de resistencia provoca adaptaciones morfológicas de los músculos esqueléticos y los huesos. Los cambios estructurales producidos en las fibras musculares son responsables de gran parte de la ganancia de fuerza derivada del entrenamiento de resistencia. Los aumentos del contenido de mineral óseo y de la densidad mejoran la salud de los huesos. A continuación, se incluyen preguntas relacionadas con esas adaptaciones.

¿El entrenamiento de resistencia transforma las fibras musculares de contracción lenta en fibras de contracción rápida?

Si bien el entrenamiento de la fuerza produce mayor hipertrofia en las fibras musculares de contracción rápida (tipo II) que en las fibras de contracción lenta (tipo I), no existen evidencias que respalden la conversión de fibras de contracción lenta en fibras de contracción rápida. El entrenamiento de resistencia no modifica el porcentaje de fibras musculares tipo I y tipo II. Sin embargo, el entrenamiento intenso de resistencia afecta la proporción de fibras que integran los subgrupos de fibras musculares tipo II, y provoca un aumento del porcentaje de fibras musculares tipo IIB (contracción rápida, glucolítica) y una disminución del porcentaje de fibras tipo IIA (contracción rápida oxidativa), tanto en varones como en mujeres (Deschenes y Kraemer, 2002; Kraemer y cols., 1995; Staron y cols., 1994).

 

resistencia

¿El entrenamiento de resistencia mejora la salud ósea y la integridad de las articulaciones?

El entrenamiento de resistencia tiene efectos beneficiosos sobre la salud ósea que pueden reducir el riesgo de osteoporosis y fracturas, en particular en las mujeres. Esta forma de entrenamiento puede ayudar a desarrollar el mayor nivel posible de masa ósea en mujeres premenopáusicas y puede ayudar a mantener y aumentar el hueso en mujeres posmenopáusicas y adultos mayores. Sin embargo, en un estudio con mujeres mayores (de 65 a 79 años), no se advirtió una mejora significativa en la densidad mineral ósea de la columna lumbar y la cadera después de 12 meses de entrenamiento de resistencia de intensidad elevada y de baja intensidad.

No obstante, las evidencias sugieren que el entrenamiento de resistencia y las actividades que se realizan con carga de peso corporal (excepto caminar) pueden demorar la pérdida de masa ósea aun cuando no se experimente una amento significativo de la densidad mineral ósea. Este aumento parecería ser localizado; las principales modificaciones se producen en los huesos unidos al músculo que se ejercita. Los especialistas coinciden en que el entrenamiento de resistencia tiene mayor efecto sobre la salud ósea que los ejercicios aeróbicos con carga de peso corporal, como caminar y trotar (Layne y Nelson, 1999).

El entrenamiento de resistencia también mejora el tamaño y la fuerza de ligamentos y tendones. Esos cambios pueden aumentar la estabilidad de la articulación y, por lo tanto, reducir el riesgo de esguinces y luxaciones.

 

Bibliografía:

–          Heyward, V. H. (2008). Evaluación de la aptitud física y prescripción del ejercicio. Editorial Médica Panamericana.